Metro: viajando por la ciudad

457259_seguridad-metro-dfPor Thania Quiroz
Viajar en metro es de las mejores formas de recorrer la ciudad con tan solo 5 pesos (10 pesos sí desea hacer el viaje de regreso por este medio); podemos ir desde el sur hasta el norte, también visitar lugares emblemáticos de la ciudad con facilidad. Pero dejando de lado el maravilloso tipo de transporte que es el metro desde su fundación en 1969, recordemos lo que implica realmente viajar en él…

Viajar en metro es toda una travesía, empezando por las horas pico: la hora de la guerra. Es aquella hora donde las estaciones más concurridas como Indios Verdes, Pantitlán, Hidalgo, Centro Médico, Cuatro Caminos, Bellas Artes, entre otras, se convierten en una gran batalla, tanto para las personas que desean entrar al vagón como las que desean salir.

Al momento en que se acerca el metro la gente se va congregando en pequeños grupos donde se cree se encontrará la puerta del vagón, después, al estacionarse, el mismo se divide el grupo a las orillas de la puerta y comienza aquella guerra en la que debes de sobrevivir por ganar un lugar sentado o simplemente no terminar aplastado contra la puerta que te obligará a salir para permitir el paso.

Otro caso es cuando estas en la terminal y sólo eres tú contra las personas de junto, luchas por aquel lugar que te permitirá ir cómodo durante las cinco estaciones que dure tu viaje o las 21 estaciones que debes cursar, y claro debes de obtener un lugar que no sea reservado.

Para la salida, a menos que bajes donde no baje nadie más que tú, es realmente cómodo salir, fácilmente, sin empujones y sin pisotones; en el caso contrario donde bajas en una estación donde se va a vaciar medio vagón, lo mejor es dejarse llevar por la multitud.

 

METRO

Una vez estando en el vagón este se transforma en el tras bambalinas de un teatro, ya que podremos observar que éste se convierte en un camerino donde se sufren distintas transformaciones gracias a los rituales de belleza de cada mujer, que gracias a ellas una aprende diferentes formas de maquillarse los ojos o aplicarse el polvo.

También el vagón se convierte en un gran comedor, si no te da tiempo de comer en tu casa o a las afueras del metro, terminas comiendo o bebiendo algo para relajar el estómago en lo que llegas a tu destino. En estos casos también se te suele antojar la comida que trae tu vecino y ruegas por conseguir una igual al momento de bajar del metro.

Los vagones son testigos de grandes discusiones y platicas profundas, todo aquí empieza con un “Disculpa, ¿qué hora es?”, “El metro va muy lento” y de repente terminas teniendo un amigo nuevo con el cual el transcurso en el metro se hizo más rápido y pudiste conocer nuevas perspectivas sobre la vida, el amor, la política o el clima.

También el metro suele ser un lugar para comprar discos, maquillaje, comida, artículos electrónicos y cosas que no necesites, pero las ofertas de 10 pesos te hacen necesitar todo lo que vendan en ese momento, ya sea al momento en que entras en la estación o cuando te encuentras dentro del vagón; siempre podremos comprar algo aquí, ya sea la música de actualidad o los clásicos, la guía de ensaladas, las barras de amaranto, el maquillaje de dudosa procedencia y las limas para las uñas.

En los vagones también se pueden admirar grandes talentos que nunca tuvieron el apoyo de sus familias quizá y hoy cantan en el metro por alguna moneda, o te levantan el ánimo con discursos hechos pero que aun así te penetran el corazón y te sientes deseoso de ayudar a quien te recita estas palabras. Y cuando concurres por años una misma línea, llegas a conocer a todas estas personas que cantan, recitan o piden de tu ayuda; aún me sorprendo de ver al mismo señor con diabetes que tenía un año de vida en el 2013 o a la señora pidiendo ayuda para su hija que tiene 14 años desde el 2012.

Cuando por fin es momento de bajar y dejar atrás (por un momento) el vagón, llegamos a hacer los transbordes necesarios para llegar a nuestro destino; el transborde de una estación a otra se convierte en una maravillosa experiencia de escape de la multitud y también, en algunas estaciones te hacen adentrarte en nuevos conocimientos dependiendo de las exposiciones que haya en ese momento; como en el transborde de la Raza línea 3 a la Raza línea 5, uno de los más cansados pero más maravillosos, donde el túnel de la ciencia te atrapa con la galaxia y la curiosidad te gana y terminas buscando tu signo zodiacal o aprecias la exposición del momento que se encuentra a lo largo de este mismo pasillo.

También estos transbordes se convierten en escenas de todo tipo de clasificación; podemos ver cómo una pareja se despide entre sus mil palabras de amor y sus miles de besos, aquellas despedidas que jamás llegan a concluir; también ver la discusión del momento entre una ex pareja o una pareja, o quizá el berrinche de un niño porque no le compraron el dulce o las papas que venden en el pasillo.

Y por fin, cuando te encuentras en tu destino y pasas las siguientes 10 horas de tu día ahí; es momento de tomar éste mismo transporte que trae una carga de energía diferente en la tarde-noche que en el día.

De noche en el metro, podemos observar un ambiente diferente; la señorita que muy amable vendía boletos en la mañana ahora tiene cara de hastío y te regresa tu cambio en monedas de 50 centavos.

Esperar el metro en la tarde-noche, se llega a convertir en algo tormentoso ya que los coordinadores del metro han de amar que éstos salgan cada mil años; la desesperación de las personas puede ser tanta que podemos ver a bastante gente sentada en el pasillo, una niña bailando con su amiga en el pasillo, jóvenes jugando cartas o comiendo la golosina que era para todo el trayecto y terminó siendo para la espera del metro.

Al momento de volver a abordar el metro y recorrer las 21 estaciones de nuevo, no existe mucha diferencia entre la mañana, los mismos empujones, pisotones y etc; quizá ahora con mayor salvajismo ya que a diferencia de la mañana todos quieren descansar en un asiento y no ir con la nariz pegada a la cuerpo de otro pasajero.

En el vagón dejarás de escuchar las enérgicas platicas que nos hacían recordar el mercado de nuestras casas, y veremos los rostros de trabajadores y estudiantes cansados; y se escuchará al unísono una queja cuando por la bocina anuncie que hay un retraso o cuando el metro tenga 5 minutos parado en alguna estación.

Finalizando el día, después de recorrer tantas estaciones, caminar algún transborde, haber aprendido algo nuevo, feliz por haber comprado la pelotita moldeadora y traer aún todas tus pertenencias en la mochila; te preparas para asimilar que aún queda un corto o largo camino a tu hogar y que faltará poco para que vuelvas a hacer esta gran excursión al metro para conocer algún lugar o para ir al mismo lugar de siempre.

En el metro es imposible tener alguna rutina, ya que cada día podremos ver y conocer distintos personajes, escuchar otro tipo de promociones y diferentes estilos de música. Y a pesar de que no es lo más cómodo, nos queda claro que viajar en metro es una maravillosa experiencia donde puedes conocer tu ciudad, conocer nuevas personas y aprender sobre algún tema que escuches de tus acompañantes.

457259_seguridad-metro-df

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s