La constitución no hace milagros

Vuelven los engaña bobos, los apantalla ingenuos. En primer lugar la selección del constituyente de la Ciudad de México no es un proceso democrático (de hecho las elecciones del país difícilmente lo son), si desde presidencia y el Congreso van a seleccionar a casi la mitad de los integrantes de ésta, queda claro que sus intenciones son alterar lo menos posible el status quo de la realidad política.

Vamos por partes, un proceso así no está configurado para reflejar la voluntad de los capitalinos, pero difícilmente se va a modificar por más manifestaciones y protestas que haya en su contra. La opción viable es votar por la gente que nos garantice ser una verdadera oposición a la mentalidad neoliberal que pretende hacer más negocios con la ciudad.

Hasta este punto vale aclarar que el ciudadano y el proceso democrático no se reducen a votar por alguien o no hacerlo en absoluto. Comienza desde que se valoran a los candidatos y se da seguimiento a la escritura de la constitución y continúa con la lucha, si es el caso, en el cual no se respeten los acuerdos que se tienen con la sociedad, es decir, hay una asamblea legislativa, hay instituciones en la ciudad que si bien no pueden modificarse del todo, deben mejorar para proporcionar el servicio para el cual fueron creadas: la calidad de vida del ciudadano capitalino.

¿Para qué una constitución? La discusión sobre si es necesaria una constitución para la ciudad es muy amplia, por el momento es mejor limitarse a delinear lo que se tiene, por ejemplo, la ciudad ha desarrollado sus instituciones y sus códigos sin la necesidad de tener una constitución, ésta es la sede de los poderes de la unión y nunca ha sido una comunidad tan grande como para legislar su propia carta magna, sin embargo el crecimiento de la población puede ser justificante para organizar una sociedad con estas características.

En principio, una constitución política tiene su fundamento en la organización del gobierno y las garantías y obligaciones tanto de los gobernantes como de los gobernados. Por eso se habla de alcaldías, en primer lugar se sebe definir qué modelo de gobierno se va a tener para cada delegación, en segundo lugar, las responsabilidades y alcances de las instituciones así como los derechos de los gobernados, no olviden que el Distrito Federal está compuesto por zonas urbanas y rurales.

La constitución no va a hacer milagros, la mayoría de los partidos políticos lanzan consignas como si al ganar fueran a realizar tales acciones; muchas de ellas, desafortunadamente se tratan de bienes básicos a los cuales ya se tienen derecho y es mero sentido común, que va a haber agua potable para todos, vías de transporte de calidad, iluminación y drenaje en la ciudad, pavimentación, seguridad, menos contaminación: se trata de cosas que ya deberíamos tener, sin embargo, la incapacidad o falta de voluntad política de los gobiernos hacen de esto imposible, sólo un recurso más para prometer. Es que si cumplen, luego ya no van a poder prometer.
Lo que necesita la ciudad es transparencia y eficacia de gobierno y que los gobernados puedan remover de su cargo a quienes no cumplan con su trabajo. Eso sí se puede lograr en una constitución, lo demás es algo que se tiene que exigir sin necesidad del show político.

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