El plagio y el presidente

Las recientes revelaciones acerca del trabajo académico de Enrique Peña Nieto lo han vuelto a colocar en la mira nacional e internacional, en una clara investigación cuyo objetivo principal es dañar la imagen del mandatario, las acusaciones de plagio sugieren que el presidente faltó al rigor académico cuya sanción social es más escandalosa que la administrativa.

El clima periodístico actual es bastante polarizado: por una parte hay una sobreprotección de la imagen de funcionarios de gobierno y por otro lado, existe una insistencia en determinadas figuras para revelar todo lo que pueda perjudicar su imagen y carrera. Lo anterior lleva, en esta ley de la selva cotidiana que es la política, a extorción periodística y a publicación de verdades a medias o engañosas cuyo objetivo, lejos de informar es atacar al adversario.

Así sucede con filtraciones, revelaciones y comunicados, esa es muchas veces la dinámica entre poder y medios. Las actuales versiones sobre el plagio de Peña Nieto son una investigación llamativa. Está documentada hasta la ultima palabra del comunicado, sin embargo, no es de extrañar que la motivación sea el repudio a la figura presidencial.

Sea cierto, el periodismo tendencioso no es lo que el país requiere. Lo que exigen los mexicanos es saber la procedencia del dinero de Angélica Rivera, la fiscalización de los gastos de la CNTE, los lazos comerciales de Humberto Moreira, las cantidades y procedencia precisas de los “donativos” que recibía Andrés Manuel desde que dejó la jefatura de gobierno, etc.

De vuelta al plagio, no parece que sanción alguna proceda y menos contra el presidente de México; estamos en un país donde la norma es recompensar a los amigos, a los compadres, con casas, cargos, dinero y títulos; donde no es la costumbre recompensar la excelencia, la calidad y la ética. Ninguna ley, bajo esta norma de premiar la mediocridad, estipula que el presidente o algún funcionario deba tener estudios para ejercer su cargo, con ser mexicanos mayores de 36 años, basta para ser presidente y así lo cumple Peña Nieto.

En la actualidad no se dimensiona, en este caso particular, la gravedad del plagio del presidente, se nota al encontrar declaraciones que pregonan “no es importante” o “no es de interés periodístico”. Funciona así porque es la mayoría quien prefiere el camino fácil, la “tranza”, la simulación y la holgazanería en contra de una minoría que se escandaliza por infringir el derecho de autor y por tener un mandatario sin la preparación intelectual para ejercer su función. Ya lo ha dicho Adela Micha: “ser lector es irrelevante a la hora de gobernar” y en un país con estas características, así parece serlo.

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