43

POR MICHELLE COSME

No sé en dónde me encuentro ni cuántos días han pasado. Sigo encerrado en este lugar en el que sólo puedo ver esas botas negras que entran y salen de la habitación; esas botas que me golpean las costillas cuando intento pedir auxilio.

Sólo recuerdo que salí de la escuela con mis compañeros, a los cuales tampoco he podido ver. Todo es tan confuso. No entiendo por qué tomaron ese coraje en nuestra contra, tan sólo somos estudiantes.

Quiero llamar a mi mamá, decirle que estoy bien. No hay de qué preocuparse, sólo que rece por mí para que todo esto acabe pronto. Ojalá sea una pesadilla más. Los golpes calan, la sangre sigue recorriendo mi rostro. No puedo explicar todo lo que está pasando en mi mente. Quiero gritar pero ya ni siquiera tengo las fuerzas para hacerlo.

Ahí vienen las botas de nuevo. Espero que ahora sí me deje salir, ya no soporto las sogas en mis manos y pies, el hedor de la habitación es insoportable. Tengo la boca seca. Ya no distingo el sabor entre la sangre y mis lágrimas.

­–¡Ahora sí se los cargó la chingada! Se creían muy huevuditos, ¿no? A ver si son tan valientes ahora.

Tengo mucho miedo, no sé a dónde nos llevan. Por fin encendieron la luz, veo a algunos compañeros. Todos están golpeados, ya no distingo sus rostros. Lo único que sé es que no somos todos, faltan algunos. Éramos más. Ahora sólo cuento 43.

–¡Compañeros! Sigamos fuertes. No dejemos que nos derroten.

–¡Cállate, pendejo! Después de esto no tendrás ganas de seguir de pinche revolucionario.

¿De qué está hablando? Sólo queríamos hacer una colecta para nuestra escuela. La comunidad lo necesita. Necesita tener oportunidades, que nuestros niños tengan educación de calidad. Ese es mi sueño y el de muchos de nosotros. Poder ofrecerle educación a la comunidad.

–¡Déjennos ir! Es nuestro derecho ser libres. ¡Por favor! Tengan piedad. ¿Qué les hicimos? ¿Quién los mandó?

–¡Que te calles! ¿Qué no entiendes?

¿Para qué nos quieren aquí encerrados? Tengo miedo de no regresar a casa. ¡Ayúdenos!

–Ahora sí, putitos. Ahora sí sabrán que se metieron con las personas equivocadas. Esto les pasa por revoltosos.

Jefe, el trabajo ya está hecho… No sé, yo sólo cuento 43.

El fuego comienza a consumirnos. No soporto el ardor. Quiero que esto termine pronto, ya no quiero escuchar tantos gritos suplicando piedad. Ellos no nos la darán. Seremos una tumba más en un cementerio, sólo seré estudiante de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, aquél que salió el 26 de septiembre de 2014 con tantos sueños, un cuerpo más regado en este cementerio tan grande llamado México.

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