Soneto IV

JUAN FREDI LEYVA PAYAN

 

Si mexicanos al grito de guerra

contra la sangre hermana abren su fuego,

es la muerte quien cobija su ruego,

el infierno se edifica en la tierra.

 

Cuando una madre a su propio hijo entierra,

no hay palabra ni consuelo placiego,

los asesinos del blanco trasiego,

la justicia convertida en su perra.

 

Mas los responsables de esta agonía,

de la peor ignominia desatada,

no podrán silenciar su cobardía

 

frente al horror, la verdad descarnada:

de los muertos que caen todos los días,

la patria inútilmente desangrada.

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