El tablero político hacia 2018

Tras las pasadas elecciones, tres puntos quedan claros hacia el futuro de la política en el país: la necesidad de una segunda vuelta electoral, la vulnerabilidad de las instituciones ante prácticas anticompetitivas y el crecimiento de Morena frente al debilitamiento de otras fuerzas políticas.

México aún no es un país con una democracia plena. Tiene sistemas democráticos, sin embargo en la práctica pesa más la simulación, la violación a las leyes y el escepticismo de la población ante la incapacidad de las instituciones por razones evidentes para los ciudadanos pero invisibles para las autoridades. Una segunda vuelta electoral es necesaria en la nación ante la polarización de los ideales políticos para generar mayor legitimidad y respaldo a quienes buscan representar a los ciudadanos. Es menester para avanzar hacia la verdadera democracia y no ir en retroceso, pues una segunda contienda con los dos candidatos más votados no sólo le daría herramientas a quien llegue a los cargos, sino que desenmascararía una realidad donde el hecho es que las fuerzas políticas se unen para oponerse a Andrés Manuel López Obrador mientras que los ciudadanos cada vez más exigen un cambio tangible.

La vulnerabilidad de las instituciones quedó clara ante un sistema que se presume democrático pero que se conduce como una dictadura bajo la máscara de la democracia. El PAN ganó en Coahuila mientras que Morena lo hizo en el Estado de México, mas las prácticas anticompetitivas y la ceguera de los árbitros electorales intentan legitimar un fraude a que a todas luces busca perpetuar al partido en el poder. Quienes se comportan antidemocráticos y dan un duro golpe a la voluntad popular son quienes se buscan mantener en los cargos al precio que sea, probablemente para continuar con la impunidad en sus estados, a raíz de las detenciones y acusaciones que se han logrado en contra de exgobernadores priistas.

Por último, el crecimiento de Morena en tan solo unos años es un hecho innegable; si bien sólo alcanzaron ganar una gubernatura y algunos municipios, en términos reales, fue el partido más votado de la jornada electoral del 4 de junio. En el tablero político convergen una disminución importante de los votos hacia el PRI, un PAN que sólo en alianza con lo que queda del PRD pudo lograr una cantidad considerable de votos frente a un partido de oposición que crece hacia el 2018.

El resultado en el Estado de México es revelador de cara a las elecciones presidenciales del próximo año: Un PRI que se debilita y que debe recurrir a las prácticas de compra de voto e intimidación para buscar la mínima ventaja, un PAN que cae al suelo y se perfila con candidatos sin popularidad ni respaldo social, un PRD que se divide entre el apoyo a la izquierda y las alianzas con la derecha para conservar lo poco que le queda de vida y un Morena que, pese a la guerra sucia, crece en popularidad y si logra unir a las izquierdas conquistará la presidencia de la república.

En 2018, como en las elecciones pasadas la contienda estará entre Morena y PRI; entre la continuidad que todos conocen o el cambio de modelo social.

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