La violencia, desbordada

La espiral de violencia no se detiene y se manifiesta en todos los niveles sociales: en una penitenciaría, en un poblado, en las carreteras, en los retenes, en las llamadas de emergencia que son emboscadas, en las instituciones de justicia que hacen caso omiso a las víctimas, en las universidades, en la familia…

Hombres, mujeres, policías, soldados, narcotraficantes, niñas y niños mueren por la violencia o en algunos casos sobreviven con serias lesiones físicas y psicológicas. La violencia y la muerte han incrementado, Felipe Calderón dejó el país con casi cien mil muertos, si este año las ejecuciones ya superan el periodo más violento de 2011 no es difícil suponer que los muertos llegan a 200 mil.

Los gobiernos de Calderón y Peña Nieto dejaron una sociedad herida por una violencia que no son capaces de enfrentar, han aumentado los robos con violencia, las ejecuciones y en general el entorno de rabia en el que vive la sociedad y que se manifiesta en la prepotencia con la que responden las personas que son evidenciadas en un vídeo cometiendo actos indebidos.

Cada día hay ejecuciones en todo el país que va desde grupos criminales hasta alcaldes y mandos policiaco-militares. Desafortunadamente el gobierno ha sacrificado a miles de mexicanos para mantener su imagen: nunca permitirían que su gobierno se vea débil declarando emergencia nacional en diversos estados del país, por el contrario, intentan a toda costa aparentar fortaleza ante una violencia que se les sale de las manos y los ciudadanos pagan esa omisión e irresponsabilidad ante el crimen.

Si hay tantos muertos en el país, cuántas más familias rotas hay en México, gente que es mal llamada daños colaterales y víctimas que peregrinan en busca de sus familiares. México vive una situación de guerra, los soldados en las calles, los grupos criminales atacando con granadas y armas de alto poder, las comunidades armando grupos de autodefensa son suficiente evidencia de que se va por el lado incorrecto en la lucha contra el crimen. Estamos perdiendo esa lucha, cada muerto es un recordatorio de la estrategia fallida, la sociedad se está acostumbrando peligrosamente a la violencia y la impunidad. Las bases de esta lucha deben establecerse desde una policía profesional y confiable, el control férreo de las fronteras para que no entren armas de alto calibre desde Estados Unidos que surten a los cárteles mexicanos y que generan la inestabilidad nacional, la regulación de la mariguana y la amapola para atacar el recurso financiero del negocio del narcotráfico así como una política social que haga a los jóvenes más fácil y redituable estudiar y trabajar honestamente que vender drogas o actuar de sicario, ganando mucho, viviendo poco y abonando a la descomposición social.

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