George A. Romero, el origen de la invasión zombie

POR JUAN FREDI LEYVA PAYAN

La noche se hizo perpetua: murió George Andrew Romero. Su legado trasciende la vida y la muerte como los monstruos que antagonizaron sus filmes; imposible entender el cine de terror actual y la herencia en la cultura moderna sin el director de culto.

Al margen de las grandes producciones estadounidenses, con una película de modesto presupuesto conquistó los corazones (o los cerebros) de cientos de seguidores en el mundo, que han mantenido encendida la llama de la invasión zombie. The night of the living dead (1968) sentó las bases para toda una cultura en torno a los muertos vivientes, la cual actualmente tiene diversas manifestaciones e interpretaciones cuyo origen es George A. Romero, quien se ha inmortalizado desde la colectivización de su filme original, hasta la noche de su deceso.

La cultura de este tipo de terror y el trasfondo social que se muestra en este filme (por el entorno en el que Romero se desarrolló social y profesionalmente) ha alcanzado niveles de simbolismos insospechados hasta para el propio director que, como muchos pioneros, no alcanzaron a advertir el monstruo que desencadenarían, en este caso, el apocalipsis que desatarían. Veamos.

Las películas zombies reflejan cómo nos entendemos como sociedad, lejos de señalar únicamente, como lo hacen las demás películas, una manifestación sociocultural. El nivel más sencillo de entendimiento es captar la metáfora al consumismo. Sin embargo, en un plano más trascendental se puede llegar fácilmente a la conclusión de que es una orgía de canibalismo. Vivimos en un mundo consumista, pero, en estos horrores colectivos y violencia cotidiana la primera determinación sociológica que entrañan estas sagas son el paso del darwinismo social al canibalismo rampante. Nos comemos los unos a los otros. Los zombies no atacan perros, gatos, cosas o propios zombies. Atacan personas. Y éstas se defienden, como es natural en este mundo enajenado, de sus semejantes. Semejantes a medias, porque el hombre es el lobo del hombre.

 

Quiénes son los caminantes

 

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Hay cura o no. Pueden volver o están condenados a comer a sus semejantes. Desde este punto de vista, el zombie es un humano pero se le ha despojado de su racionalidad, hasta de su alma y el defensor no repara en que tiene que asesinar a su amigo, a su esposo o a su madre: ha dejado de ser humano. Por otro lado siempre son más los no-muertos, miles, verdaderas hordas. Es manifiesto de dos nuevas determinaciones sociales: hay que defenderse de esos renegados, que son hordas, la masa y han perdido toda su racionalidad. Son estúpidos. Luego entonces, se entiende a la sociedad, en su mayoría como una masa imbécil. Sólo algunos pocos elegidos no sucumben ante la matanza. El punto clave está en qué hace a las personas convertirse en zombies. Hay varias causas según la generación y la problemática global. En la Noche de los muertos… la causa es la radiación, respondiendo al peligro atómico de la década de los sesentas y tiempo posterior. En este periodo es cuando el riesgo nuclear es la principal preocupación y la radiación provoca manifestaciones que no se pueden conocer. En el tiempo reciente la causa es un factor biológico como los virus y mutaciones. Alguna multinacional juega con fuego y desata un virus que vuelve a la vida a los muertos y transforma a todos los infectados en caníbales sin remedio. Esto nos lleva a otra conclusión sobre estos seres que son nosotros a un tiempo: para nuestra generación, los zombies están enfermos. La zombiedad es contagiosa, todos podemos ser ellos.

Toda historia zombie es una historia de supervivencia. Se puede decir que los protagonistas, regularmente desconocidos en un momento de riesgo son una metáfora de las relaciones sociales. Rota la célula de la sociedad, nuevos lazos y relaciones deben nacer de completos desconocidos en una situación límite. Es curioso cómo la forma de ser de las nuevas sociedades en las pesadillas zombies están relacionadas con la supervivencia. Como en los tiempos del comunismo primitivo, seres humanos se relacionan unos con otros con la finalidad de sobrevivir. Una nueva determinación sociológica salta a la luz cuando se descubre que, uno, las motivaciones de las sociedades de supervivientes son la posibilidad de una muerte contra las hordas de muertos vivientes, y, segundo, la finalidad después de sobrevivir y sacarle provecho a los demás congregados es acabar con los no muertos. De aquí se desprenden dos alternativas que, de nuevo, dependen del enfoque del realizador. Y es que los sobrevivientes acaben con los no muertos de su región o que se mueran todos, sea cual sea, ambas reflejan un final indefinido que es una muestra de la visión que se tiene del futuro: nadie sabe qué puede pasar. En primer lugar, en esta historia de supervivencia, como se mencionó antes, la forma de enfrentar la situación es con las armas. Violencia contra violencia. Es el colmo de la sociedad contemporánea: el apocalipsis zombie es el punto cumbre de la formación comunitaria, y esta es su sociología, la violencia extrema de los días que se viven, hombres y mujeres sin control alimentándose de más hombres y mujeres y algunos pocos sobrevivientes armados hasta los dientes que apuntan sus rifles contra sus semejantes.

 

Después del Apocalipsis

 

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Nada más importa que sobrevivir en un mundo derruido y sumergido en la violencia. La amenaza en este tipo de filmes es la misma sociedad. La segunda conclusión que se puede sacar es que los sobrevivientes son potenciales zombies, por lo que no hay mayor diferencia, muchas veces su fin es convertirse en uno de ellos y, en segunda instancia, la base de aquella sociedad es la destrucción y el fin utilitario de otros sobrevivientes.

Por último, no pasa desapercibido el hecho de que si eres el último sobreviviente de la tierra, ¿qué sentido tendría la vida? El fin inevitable es la muerte, como en toda vida, pero en una condena a deambular por el mundo como un idiota. Sin embargo no todo es muerte y perdición, la fama de esta serie y la posibilidad de ejercer una crítica social a parte de las determinaciones que entraña. Esto quiere decir que los elementos dispuestos en los filmes de culto zombie están presentes para reproducir un modo de pensamiento o para ponerlo en cuestionamiento. Este es el caso de la madre de las cintas zombie, The night of the living dead, cuando la protagonista, a terminar la pesadilla, mira a los “humanos” apilando cadáveres y disparando a los zombies o poniéndolos a pelear contra ellos y haciendo apuestas. Después de ver que los supuestos seres racionales pueden efectuar una barbarie igual que los muertos vivientes, resume en una línea la fatalidad de la condición que revela el tipo de cintas críticas a través de la noche de muertos vivientes. Y es verdad, pero hay muchas otras distracciones que alejan la atención de la realidad que reflejan estas cintas, independientemente del entretenimiento que brindan. La protagonista termina la cinta diciendo: “Nosotros somos ellos… y ellos somos nosotros”. Romero no fue el gran crítico social ni pretendió serlo, tampoco un cineasta de miles de filmes; modesto pero contundente, como su obra cumbre, su herencia se mantendrá vigente. Si alguien busca los orígenes del horror del apocalipsis zombie, las pistas señalan a uno de ellos, George A. Romero. Larga vida: peculiar verdad, Romero fallece pero vive, en su legado.

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