La crisis en Venezuela y el conflicto con México

Para entender la crisis política en Venezuela y su relación con México se debe entender a los grupos en conflicto y los intereses que persiguen, las pugnas en el país no son diferentes a las de cualquier sociedad, con grupos ideológicos que buscan alcanzar el poder político y establecer su modelo de nación, en Venezuela hay intereses extranjeros que buscan limitar el avance de un modelo opuesto al neoliberal: no se ve al resto del mundo condenando con tanto ahínco las decisiones de Donald Trump como de Nicolás Maduro.

Lo primero que hay que entender es que la lucha en Venezuela no se trata de una pelea de la libertad contra la tiranía, no se trata de una batalla de la democracia contra la dictadura, de los buenos contra los malos, como vulgarmente lo presentan muchos medios televisivos. La lucha en Venezuela se trata de dos grupos de poder que buscan defender sus intereses político-económicos que se definen en una visión de país. En ningún bando se defienden legítimamente los intereses de las mayorías, sino de unas minorías que se disputan el control del gobierno local.

Lo segundo que salta al análisis más simple es que los gobiernos de Hugo Chávez tanto como de Nicolás Maduro fueron electos por un método democrático, el mandato de Maduro culmina en 2018, por lo que la oposición busca un derrocamiento del mandato en términos ilegítimos y antidemocráticos, en lugar de luchar desde los comicios.

Tercero, la radicalización de las movilizaciones se han manifestado en ambos bandos, se vive una verdadera defensa de la democracia y del orden institucional en una crisis que pocos políticos enfrentarían como lo ha hecho el movimiento chavista, de no haber elecciones auténticas, la oposición no habría ganado una ligera mayoría en la Asamblea Nacional, por otro lado, esta misma asamblea se extralimitó en sus atribuciones con intentos de destituciones de funcionarios, los cuales escapaban de su función primaria.

Es natural que Maduro se opusiera a una remoción de su mandato cuando legalmente culmina en 2018, en México el mismo presidente Peña Nieto ha sido emplazado a renunciar por la sociedad civil haciendo caso omiso, no es muy diferente lo que sucede en Venezuela, sólo que los intereses de Estados Unidos están puestos en instalar un gobierno débil y servil en Venezuela, para nadie es sorpresa que EU ha invadido la política interna en Latinoamérica a lo largo de la historia para derrocar gobiernos electos democráticamente.

Además, el Ejecutivo en Venezuela así como el Tribunal Supremo se han extralimitado también en sus atribuciones en un intento para frenar la oposición que no busca una alternancia democrática, sino un derrocamiento del gobierno por la vía legal o por el golpe de Estado.

El llamado a una Asamblea Constituyente no se muestra como una salida a la crisis del país, sino como una acción que profundiza la polarización de la sociedad entre quienes defienden el modelo chavista y quienes buscan un gobierno neoliberal.

Del mismo modo que el sistema opresor y explotador llevó a los venezolanos a la insurrección que generó la constituyente de 1999 y a Hugo Chávez al poder, las condiciones paupérrimas en las que se encuentra un sector de la población (para decirlo brevemente, Chávez le quitó a unos para darle a otros), ha llevado a esta división política en Venezuela y pese al poco reconocimiento oficialista, es un hecho que las condiciones económicas y sociales del país no han sido respuestas por un chavismo que lo ofreció como primera promesa de justicia social hacia su país.

Por último la intervención del gobierno mexicano es lamentable y propia de un canciller que llega a aprender, no a ejercer; para empezar el gobierno mexicano tiene bastantes problemas al interior como para querer resolver o mediar en un conflicto que no le concierne, segundo, el gobierno actual no tiene la autoridad moral para exigirle a Venezuela la liberación de presos políticos, procesos democráticos y cese a la represión a las manifestaciones cuando sus acciones han superado con creces a las de Nicolás Maduro, con presos políticos y juicios sumarios, elecciones fraudulentas y más de 120 mil muertos. Además la sumisión de Enrique Peña Nieto ante Donald Trump le dan argumentos a Nicolás Maduro, quien ve una agresión en la actitud de la administración del priista, para señalar los errores que ha cometido el gobierno mexicano, lamentablemente México queda mal parado en el escenario internacional con el tema Trump y los desaparecidos de Ayotiznapa entre otras ignominias de derechos humanos.

El conflicto en Venezuela no lo va a resolver México, ni Colombia o la OEA, lo van a resolver los venezolanos, hay tres escenarios, que el chavismo tenga fortaleza y la Asamblea Constituyente restablezca el orden institucional, que la oposición gane las próximas elecciones presidenciales o que se efectúe un golpe de Estado. Si Maduro extiende su mandato será el verdadero golpe al sistema legal del país y abrirá las puertas para un mayor conflicto y al país no le irá mejor con un gobierno encabezado por Capriles o Ledezma.

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